Por tal razón se ha planteado volver a la tradición y dejar la Modernidad como la gran solución, sostiene la profesora Miriam Bertran, doctora en Antropología Social y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco (México).

La académica, invitada al “IV Congreso internacional por el derecho a la soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional”, organizado por la Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), considera que a pesar del auge que ha tenido el regreso a alimentos tradicionales, como la moda de la chía, la respuesta no es tan sencilla.

“Es muy importante hacer una nueva lectura para entender cómo aparece la idea de tradición, y si en efecto todo lo que suponemos tradicional es adecuado desde el punto de vista nutricional; si socialmente es aceptado y medioambientalmente sostenible” aseguró la docente, quien advirtió que por ahora no se cuenta con elementos para sostener esa idea.

Para ella, la tradición es una invención de la Modernidad y un elemento usado por los países en la medida en que necesitan establecer sus límites de identidad y territoriales.

“En el caso concreto de México, la construcción de la gastronomía nacional forma parte de un sistema de construcción nacionalista en la que se toman ciertos rasgos de la cultura indígena para constituir y explicar lo que se constituye en mexicanidad, algo que también ha pasado en la cocina”, manifestó la profesora.

Dieta alimenticia, política pública

La invitada mexicana comentó además que la política alimentaria expresa los valores socialmente consensuados por los grupos de poder, sus conflictos de intereses y los arreglos específicos de cada sector de la población en momentos históricos determinados.

Por ejemplo las políticas públicas han sido el origen de una serie de decisiones políticas globales y locales que, en el caso de los países latinoamericanos, como México y Colombia, establecieron como punto central la idea de desarrollo económico durante los siglo XX y XXI, lo que también se vio reflejado en el cambio alimentario y la transición nutricional.

“Lo que se planteó en un principio es que mientras los países avanzaban en su proceso de urbanización iban a dejar atrás aquellos padecimientos y estados biológicos relacionados con la pobreza, como las enfermedades infecciosas y la desnutrición, para entrar en la etapa de las enfermedades degenerativas por el auge de la obesidad”, explica la profesora Bertran.

Esto debido a que en este periodo se presentó el proceso de modernización como el gran motor que nos iba a sacar del subdesarrollo y a dar mejores condiciones de vida, aunque hoy se sigue hablando de hambre y desnutrición, después de más de 50 años de procesos desarrollistas.

“En términos de nutrición el paradigma dominante hoy es hablar, por ejemplo, de que los problemas de obesidad son resultado de un desbalance energético. Esta postura conceptual tiene implícita una ideología, que es lo que a final de cuentas va a decidir cuáles van a ser las maneras de intervenir sobre este problema”, explicó la docente.

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